Crear y Creer

La experiencia me ha enseñado que se puede vivir del diseño de tres maneras:

 

La primera: generando producciones propias Literalmente, creando cosas, materializando en colores y formas ideas inéditas y de gran potencial.

 

La segunda forma es caminando hacia lo que quieres lograr, concentrándote en identificar oportunidades y mostrando toda tu voluntad de servir, independientemente de concentrarte en calidad o preparación para hacerlo de la mejor manera.

 

La tercera manera, que es la ideal, es combinar expertise (calidad en servicios), con el impulso suficiente para entregar a otros lo que mejor haces.

 

Cuando nos concentramos en la primera, nuestro corazón vibra en la medida en que generamos todo lo que podemos "desinteresadamente", y nuestra motivación es realmente personal (nos satisface saber que hacemos las cosas solo por voluntad). Esta manera de ver el diseño no es compatible con una profesión próspera que nos permita impactar sistemáticamente cada vez a más personas de manera positiva, generando ingresos suficientes para vivir y para continuar multiplicando nuestro alcance.

 

La segunda forma de vivir el diseño nos puede dar visibilidad, pero no sostenibilidad en el tiempo de un reconocimiento sólido. Debo admitir que en algún momento de mi vida critiqué muchos trabajos que veía públicamente, sintiéndome bien por creer que tenía mejor criterio estético y funcional para piezas gráficas. Pasó muy poco tiempo hasta que me di cuenta de que era mi manera de justificarme y no sentirme mal porque otro encontró un cliente grande mientas yo me quedaba paralizada en mi rincón de excelencia, conocido solo por unos pocos.

 

La maravilla de la tercera forma de vivir el diseño está en que nos desafía por dos frentes: prepararnos y perfeccionarnos cada vez más, para poder entregar siempre un servicio de primera, atendiendo también nuestra necesidad ed autoconocimiento y autovaloración, dos componentes fundamentales para poder darnos a conocer con todo el impulso del mundo y con la seguridad de que trabajar contigo siempre será un buen negocio para otro.

 

No te quedes encerrado, como una vela dentro de una caja, brillando solo para tí. No hay mérito ni retribución en ello. El desafío de iluminar a otros nos enfrenta a nuestro miedo a fallar, pero también nuestro miedo a ser felices, nuestro miedo a lo desconocido, nuestro miedo a crecer.

 

Quiero decirte que me consta que creer en tí es tan importante como diseñar bien, si quieres dedicarte a tu profesión y si quieres redimir todo el tiempo que hayas podido perder dudando de tu potencial.

 

No hay estrategia de marketing que valga, ni trato al cliente que te garantice estabilidad, ni proyectos maravillosos que disfrutar, si no das el primer paso de conocerte bien, para poder sacar de tí y mostrar lo que nadie más podrá poner como sello en lo que entregas.

 

Anímate, capacítate, únete a este reto. Llevarte de la mano es mi llamado personal y soy muy feliz desde que lo descubrí.